Adornos

Hace unas horas, mientras desayunaba opíparamente una tostada con jamón york, aceite de oliva, descafeinado y unas galletas integrales, he tomado una decisión: este año no voy a poner el árbol de Navidad.

 

Es una idea que llevo madurando desde hace tiempo. Sé que tiene su importancia porque en la mayoría de los casos y a partir de cierta edad, mantener el espíritu de la Navidad se convierte más en un acto de voluntad que de fe. Así que corro el riesgo de perderlo (el espíritu) para siempre, ya que todo es empezar; y sin embargo, no lo voy a poner. Lo he anunciado y en casa todavía reina la incredulidad. Ya verán las caras que se les van a quedar cuando vayan pasando los días y comprueben que era verdad. Siempre he sido un titán frente a las pequeñas adversidades, pero este año han confluido varias, que sumadas al ambiente de protesta general, me han hecho desistir.

 

Llevo dieciocho años llevando la tarea con entusiasmo y esmerada dedicación, subo (cuatro viajes de alta tensión) diecinueve cajas del trastero, un cervatillo blanco a escala real (hay que reconocer que antes de la crisis hubo mucha tontería), dedico bastantes horas de trabajo y lanzo algún grito que otro. El momento de la subida siempre es brillante y me lleva a engaño. Recibimiento apoteósico, apertura frenética de las cajas, disgregación minuciosa de su contenido: bolas, estrellas, soldados, hadas, piñas, cerezas, cojines, velas, y purpurinas que va dando paso a un progresivo desinterés, silencio y abandono de la sala a medida que descubren que no hay nada nuevo.

 

No sé como ocurre, pero cada año, me encuentro inmersa en un mar de rojos, azules, verdes, morados, abalorios y cristales, peleando y pinchándome con las ramas sintéticas mientras coloco cada figurita y pienso que cualquier tiempo pasado fue mejor, y que cada Navidad llega antes. Cuando reparo en mi soledad, comienzan los gritos de auxilio e indignación, que les hacen acudir de nuevo, con mayor desgana, para hacer todo, menos ayudar. Buscan, escarban, eligen piezas, rompen alguna, extienden el repertorio al resto de la casa, y desordenan más, para en cuestión de unos minutos, verme de nuevo sola mientras oigo el sonido de la Nintendo, el Ipad o la Wii.

 

Voy a mantener un espíritu zen porque no quiero que se repitan escenas como la de aquel año en que me lié a patadas con alguna de las cajas mientras las niñas salían, despavoridas, del salón. Eso resta mucho a la Navidad y a mi como persona. Así que para seguir con buen rollo, no hay árbol. Si pondré al niño Jesús, subiré a “Bambi” y colocaré algunos motivos alegóricos.

 

Sé que no es lo que se espera de mi, pero no soy tan mala, lo que pasa es que he aprendido. Mejor,  BelizeStab my Heart.

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10 Comments
  • Fan
    diciembre 8, 2012

    Como siempre, no me he podido sentir más identificada contigo…. Lo que pasa es que tú lo explicas mejor!
    Como siempre, me he reido con tus descripciones, no se puede tener una mirada más aguda…
    Como siempre que llega el aviso de nuevo post, me he quedado con una sonrisa…..
    Gracias!!!
    Tu amiga L

  • Mari no
    diciembre 8, 2012

    No sin mi bambi! La idea de desterrar el árbol es algo recurrente que te planteas todos los años. Es algo parecido a los que fuman o comen demasiado… Siempre tienen esa idea en la cabeza. En cuanto al árbol siempre hay algo que te echa para atrás: tu hijo, un nuevo adorno… Al final sucumbes. Yo por mi parte ya he sucumbido… Pero claro renunciar al bambi es otra cosa. Eso no te lo puedes permitir y mas si es a tamaño natural. Yo nunca he visto un bambi salvo la película pero tiene que tener su porte…
    Te veo punzante, irónica, sarcástica y muy muy escéptica deberías volver a Gaugin, te recomiendo que vuelvas con tu amigo el erudito que creo que quiere volver para Navidad … Feliz Navidad!

  • Amedar Consulting Group
    diciembre 9, 2012

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  • Anónimo
    diciembre 9, 2012

    Cuantas cosas nos cuentas, sobre la belleza del hombre estoy de acuerdo con lo que dices, sobre la exposición al Thyssen intentare ir. Que decir de la sonrisa , ésta siempre debe de estar en nuestra cara, ilumina cualquier estampa. Pero lo que más me ha llamado la atención de tu post es todo lo que nos cuentas sobre el montaje del árbol de Navidad, sin duda no te falta razón es un verdadero calvario su montaje. Pero como muchas otras cosas de la vida al final tiene su recompensa. En mi caso es muy gratificante colgar, una vez concluido su montaje, lo que yo he venido en llamar “la estrella del deseo” . En mi familia cada uno de los miembros de la misma tenemos una estrella del deseo con nuestro nombre escrito, que a modo de ritual colocamos todos a la vez pensando nuestro deseo para el próximo año. No puedo decir que no disfrute al hacerlo, pues es algo que me encanta, es como por un momento volver a tener la edad de mis hijos y sentir en mi persona la magia de la Navidad.Pienso en ese momento que muchas de mis ilusiones y anhelos albergan la esperanza de poder cumplirse. Quizás por esto y por que tengo unos enanos que desde el mes de noviembre me estan diciendo que montemos el árbol sigo escuchando un villancico y con todo aquel que se tercie a ayudar montando cada Navidad el árbol .

    • elena méndez
      diciembre 10, 2012

      Jajaja!.No se pueden decir mejor las cosas!, querida.La ironía y el humor es el patrimonio de los inteligentes y la ternura solo de los sensibles. Tú lo tienes todo, me encanta leerte. Mi admiración.E

  • Anónimo
    diciembre 10, 2012

    Jo!!! si que tienes narices!!, por no decir otra cosa, con lo bonito que te quedaba!!!, era uno de los arboles de navidad más bonitos que he visto en mi vida, claro que también era el entorno. Pero haces más que bien en dejarlo, ahora tienes cosas mas importantes en tu vida que ese árbol: tú quieres ser una buena escritora, y la verdad que prefiero tu blog y reírme un rato que mirar tu lindo árbol. Mejor así María, solo Bambi y encima tienes la Navidad en casa. Bsss 😀
    Sigue que me gustas mucho.

  • Anónimo
    diciembre 10, 2012

    Yo cada vez huyo más de la Navidad. Pero la realidad es que desde hace siete años pongo toda la decoración navideña el 9 de noviembre, para rememorar la partida de alguien a quien nunca llegué a conocer pero que me hubiera encantado tener el privilegio de sentir cerca. Luego mi madre se me fue un 28 de Diciembre, genio y figura hasta el final . Así que qué os puedo contar. Al final lo coloco todo por mi hijo, porque quiero que disfrute de ello y que cuando sea mayor sienta que él vivió la Navidad cómo cualquier otro niño. Que él decida luego si quiere seguir con la tradición ó no ,pero no seré yo la que lo estropee.
    ¿ Mi ideal de Navidad? Cogerme un avión el 24 de Diciembre y aterrizar en una playa paradiasica y lejana , no pensar en nada, más que en mis bikinis, pareos, cremas solares y qué libros leer. Por cierto aprovecho para desearte una Feliz Navidad por si no tengo oportunidad después.

  • Anónimo
    diciembre 11, 2012

    Mari!!! estoy contigo, debe ser la multitarea que nos encomienda el pack “ser mujer, madre, y muchos etcéteras más” que nos agota, ya sabes, nos engañaron…no es tarea fácil… y sin embargo tan polifacéticas. Pero tiene su encanto la Navidad!! Eres una crack, sigue deleitándonos con tus escritos tan realistas. Besos.

  • Marta
    diciembre 12, 2016

    Después de subir y bajar como 5 veces al trastero con las cajas, pino, luces y demás adornos siempre pienso lo mismo “este es el último año ” pero los sentimientos y la nostalgia me invaden y empiezo a poner los adornos que tienen mucho significado para mí:figuritas hechas por mis hijos cuando eran pequeños, un cascanueces que me regalaron mis suegros de Alemania, el libro del expreso polar que me regaló mi madre para sus nietos y que se los leía todos los años. Así que ya me animo, vienen mis hijos que llegan mejor que yo a terminar de poner las figuritas y las luces en la copa del arbolito y por supuesto a hacer sonar el cascabel … lo seguimos escuchando… soy una romántica

  • Isabel
    diciembre 13, 2016

    María! Me vuelves a hacer reír con tu manera de contar las cosas, tan certera y divertida. Yo este año me estoy retarasando en eso del árbol, que me temo está en peligro…pero al final no seré tan valiente como tú y lo pondré, claro que lo pondré, y me pasara justo eso que cuentas de subir veinte veces al trastero, con lo incómodo que es y el dolor de espalda que se queda luego. ¡¡,,Que horror!! Jajajaja eres tremendamente divertida y escribes de maravilla, que soplo de aire fresca resulta seguir tu blog, al que me lanzo como loca cada vez que me entero de que has escrito una nueva publicación. Gracias por las risas!!!! Abrazos!!!!

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