Igual que viene, se va …

Ya no pienso mucho. No sé si por agotamiento neuronal o por aburrimiento. Me inclino más por la primera opción, aunque algo aburrida también estoy. He alcanzado una incapacidad manifiesta para analizar las cuestiones que antaño me atenazaban. Considero poco los problemas, como aleccionan en esas clases de mindfulness…, según llega el pensamiento, se va. Ya no me preocupa si hay compra en la nevera, si la niña se fue sin jersey al colegio o si puse una falta de ortografía, porque me he dado cuenta de que todo lo remediable se suele solucionar de cualquier manera, incluso de la peor, y me arrepiento de la energía que gasté en cuestiones rutinarias.

 

Pese a esos martirios que me imponían mis miedos, reconozco que gracias a Dios mis hijas han tenido una madre con la cabeza en las nubes. Quien me juzga es que no tiene la suerte de conocerme, porque últimamente me he dado cuenta de que soy genial. No sé si siempre lo fui, sospecho que sí, o quizá sea producto de tantos vaivenes.

 

Puede que esta evolución haya ocurrido tras apaciguarme, tras averiguar que no soy libre, que no lo era cuando pensaba que volaba como un pájaro, que nadie lo es. ¡Dulce pájaro de juventud! O puede que me haya sucedido después de saber que siempre metí mis preciosos pies en un número 38, cuando en realidad tenía un 39. Ahora sé que podía haber llevado un calzado más holgado, pero creo que esto ya lo he contado alguna vez… Es lo que tiene la búsqueda, que no te deja tiempo ni para mirar el suelo.

 

Ahora soy otra, más terrenal, más comprensiva. Siempre me llamaron la atención esas señoras que se amodorraban en el lavabo de la peluquería. No entendía ese aborregamiento que en ocasiones llegaba a un estado de sueño profundo. ¿Cómo tenían capacidad para desconectar hasta ese punto? De esa guisa, delante de conocidos y extraños. Ahora soy yo la que encuentra placer en esos minutos, puedo hasta cerrar los ojos y pretender que dure, cuando siempre fui de las que por no gastar un minuto de mi tiempo no pisaba la peluquería. Sin duda me ha vencido el cansancio. Valoro los segundos durante los que aunque quiera, no puedo hacer nada.

 

Temía a las mujeres que hablaban solas por la calle, y ahora estoy en filas. Creía que estaban locas, no sabía que es una fase a la que llegamos todas. Razono, me disculpo o discuto conmigo misma muchas mañanas, por Velázquez, mientras doy bandazos con la cabeza otorgándome o arrebatándome la razón. Y veo como ningún adulto de los que se cruza en mi camino se asombra, sólo los niños me miran con cautela.

 

…Y es que,  ¿quién me comprende mejor que yo? ¿Quién disfruta más que yo de la vergüenza, la risa y conmiseración que siento al recordar como he vuelto a salir con una etiqueta colgando del codo de una prenda nueva o tropiezo con un adoquín mientras cruzo un paso de cebra? A estas alturas, sé que nadie me quiere como yo, que con quien no tengo feeling, nunca lo tendré, y que junto a quien me hace brillar, brillaré más.

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4 Comments
  • Almu
    junio 20, 2017

    Le persone speciali sono come le stelle, brillano sempre!

  • Zeda
    junio 21, 2017

    Querida mía, me siento muy identificada con su artículo. Hace un año que mi lema es ” no soy la que era, mudé la piel” .

    Así es ser mujer. En continuo movimiento, como los mutantes.

    “Como te viste me vi, como me ves te verás.”

    Gracias

  • Mariana Mojer
    julio 25, 2017

    Me ha encantado el artículo. Me siento muuy identificada y además tu firma de escribir es realmente cautivadora….

    • María Luisa Sorando
      julio 25, 2017

      Muchas gracias Mariana. Un beso

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