Guapetona

Durante estos días pocas cosas me han hecho gracia, el desánimo ha invadido mi voluntad la mayor parte del tiempo y aunque he tenido algún momento que otro, ninguno ha llegado a ser momentazo.  Aún con este peso interior, debo estar con el guapo subido porque intuyo que levanto alguna que otra pasión.

 

En el mercado donde compro el jamón de York para mi desayuno comenzó a trabajar un charcutero hará unos tres meses. La primera vez que lo vi (me vio) noté una mirada y actitud seductora, magnética. Fue como si pedir 200 gramos de jamón en lonchas finitas se convirtiese, a sus oídos, en algo trascendental. Como si me prestase esa atención que el resto del mundo ha dejado de darme. A consecuencia de ello “me violenté” y mire a mi alrededor, pensando que ese gesto no podía ir dirigido hacia mi; para descubrir que allí estaba sólo yo.

 

El charcutero es un joven, muy joven, con acento extranjero, bajito, delgado, con nariz afilada, perilla que quiere ser rubia, y lleva la cabeza tocada con un gorro blanco. Un físico que pasaría inadvertido, si no fuese por esa actitud insolente y osada que demuestra hacia mi. Actitud obstinada, además, porque se viene repitiendo cada vez que acudo a comprar el jamón.

 

Cuando me hace entrega del paquete, siempre se produce un tira y afloja, bajo una seriedad extrema. Hace que me lo da, pero no me lo acaba de dar, un gesto estudiado que, sin duda, ha tenido que ser practicado frente a un espejo. Mirada inquisidora, a veces sube un poco una ceja con respecto a la otra, ni una leve sonrisa, y unos ojillos azules diminutos y vivaces que se clavan en mi, y me preguntan si quiero algo más (no es mi imaginación).

 

Comprar jamón se ha vuelto todo un ritual. Cuando me voy acercando al puesto me pongo un poco nerviosa porque noto que me divisa y siempre me atiende él. Supongo que cualquiera podría pensar que estoy en una edad muy mala, proclive a que esto sea una mera ilusión. Pero ese cualquiera se equivocaría. La situación me parece un atropello que me incomoda desde su comienzos.

 

Este chiquito debe tener una tendencia extraña hacia las mujeres maduras, o puede que no vea bien de cerca. Me habla con educación, siempre de usted, pero hay algo en su mirada que me intimida hasta el punto de haber buscado otros lugares dónde poder alternar la compra de este producto, que ha de consumirse en el día a fin de conservar su frescura, por lo que el “canalla” se ha  transformado en un problema diario.

 

Acudir al mercado se está convirtiendo en un acto de silencio místico que me acobarda cada día más. En alguna ocasión, hasta he llegado a tropezar al iniciar la marcha, mientras me despido. De las vueltas y la cuenta ni me entero, porque lo único que quiero es salir corriendo. Siempre he sido tímida.

 

No sé como actuar para que todo transcurra con normalidad, todo me resulta provocado. Me encuentro torpe. Si me muestro simpática, puede dar lugar a  equívoco. Antipática, puedo herir sus sentimientos, arrogante, parecería una pobre infeliz…En fin, que me estoy liando.

 

Pese a lo que se esperaría de cualquier mujer, cada vez voy peor preparada al mercado. En casos anteriores a este, también he desarrollado una confianza ciega hacia mi físico, queriendo poner a prueba la resistencia y entrega de mi admirador, dejándome cada vez más, hasta llegar a vestir con el primer chandaluco que pillo y peinar (no peinar) de manera deplorable.

 

El otro día, fui al mercado con Bruno. Ya le había hablado del asunto en alguna ocasión, pero creo que ni siquiera lo había procesado. Quería ver su parecer. Vino de mala gana, compramos, y todo transcurrió con normalidad, salvo por la cara de odio que el charcutero puso a mi marido cuando le hizo entrega del paquete, de lo que sólo me di cuenta yo, porque él ni se fijó. 

 

Después de este capítulo he vuelto una vez más, pero me las he ingeniado para que me atendiese un compañero. Él, al acecho, pero no miro, no vaya a pensar que he dado ni media vuelta al asunto.

 

Os dejo con una canción que me gusta muchísimo para animar el momento,  de Lukas Graham, You’re Not There

 

Imágenes | La Selva

3
1 Comment
  • Rosa
    marzo 9, 2017

    Jajajaj no te alteres. Un lujo leerte

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies