Mi pantalón de cuero nuevo: crónica de una muerte anunciada

Aviso importante: si al intentar ponerte un pantalón se “encasqueta” a mitad de subida, no tires de las trabillas.

 

Ha sido mi cumple, y me he autorregalado un pantalón de cuero negro atómico. De esos con los que alguna vez hemos soñado casi todas. Me hace parecer esmirriada,  y tiene ese “algo” que me permite llevarlo sin parecer una trastornada con aires juveniles. En resumidas cuentas:  un sueño, y para colmo, una ganga.

 

Cuando la semana pasada me lo probé en la tienda, aprecié por un instante que el tiro no llegaban a su sitio. Luché, me quejé en alto, imploré, insistí y al final llegué a la conclusión de que si abandono la ingesta de ciertos alimentos y consigo mantener una disciplina alimentaria,  en breve, llegará a quedarme perfecto.

 

Me lo llevé a casa puesto,  por aquello de comenzar a “domesticarlo”.  Después de un ratito, me cambié de ropa y cuando lo estaba colgando observé con horror que las trabillas traseras estaban salvajemente “arrancadas” de su lugar. No sólo despegadas, había dos agujeros tremendos en la parte posterior del pantalón, las trabillas se habían “llevado de calle” el cuero y habían extirpado sendas piezas de manera brutal. Una doble rotura feroz. Intenté razonar, pensar que eso tenía que estar así de fábrica, porque si yo hubiese hecho semejante destrozo habría sentido al menos un “crock”. Así que llamé a la tienda y me quejé, a lo que contestaron que lo llevara de inmediato para cambiarlo.

 

Hoy he ido, y la vendedora, después de analizar el pantalón con detenimiento, me ha mirado firmemente a los ojos y ha sentenciado que eso no estaba así antes de pasar por mis manos, que tuve que ser yo, porque oyó mis súplicas e improperios desde el probador. Ha añadido que es una “rotura típica”.

 

Entonces, nos hemos mirado fijamente y se ha producido un silencio violento.  No he podido evitar decirle que no estaba segura de haber sido yo la causante, que no podía afirmarlo. Por un momento he sentido que mi cara, se estaba pareciendo a la de José Mota cuando dice: “¿Te has dao cuenta tú también?”; y eso me ha hecho sentir todavía más incómoda.  He salido de allí con el pantalón, la poca dignidad que me quedaba y la energía muy baja.

 

Ahora lo tiene el rumano de la tienda de arreglos que hay debajo de mi casa. Él, probablemente, sea la persona que mejor conoce la trayectoria de mi vestimenta en los últimos tiempos. Me ha dicho que aunque mejor sería cambiar la pieza entera, va a utilizar un pegamento especial para cuero, pero me ha advertido que la vida del pantalón, en adelante, pende de un hilo.

 

Sé que pese a todo, cuando lo estrene, va a resultar inevitable sentirme tan sexy como Bruno Mars en Uptown Funk ft. Voy a pisar y bailar como él, incluso con sus rulos, por eso os pongo la canción con letra. La recompensa, está al llegar.

 

Imagen | Zadig & Voltaire

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4 Comments
  • Cisco
    febrero 6, 2017

    Está claro, el rumano es tu mejor estilista. Cuenta con el antes de tomar una decisión arriesgada! 😉

    Me he reido lo que no está escrito. Gracias maja!!!!!

  • Zeda
    febrero 6, 2017

    La leche Mary, no puedo parar de reír….Yo te cuento mi anécdota con los últimos pantalones de cuero, los compre tan justos que en una cena de cumpleaños tuve que sanarme la camisa por fuera y bajarlos casi hasta la cadera….en fin un show….

  • Mariasi
    febrero 6, 2017

    El mejor en tiempo, lloro pensando en tu cara…. Bueno, en realidad no lloró, estoy tirada por el suelo destornillandome de risa….. El próximo post una foto del cuerpo del delito. En realidad una foto de los agujeros del cuerpo del delito….

  • Anuska
    febrero 6, 2017

    Absolutamente genial ! Cuantas hemos vivido la misma situación y creer q es imposible e ir a la tienda… Me he reído y he sufrido por igual jaja. Unos pantalones de cuero fueron mi reto postparto. Feliz cuando consegui subir la cremallera. No ha vuelto a bajar nunca de la fuerza que empleé.No dejes de escribir. Muak

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