Es de buena educación poner cosas agradables en Instagram

Para los que dicen que sólo me pasan cosas buenas cuando ven mi Instagram, puedo contar que ayer me pegué un tortazo del quince, y ya son dos en un mes. Uno de esos momentos en que la voz de mi amigo Jose María resuena en mi interior advirtiéndome del cuidado que debo tener en otoño al pisar las hojas mojadas, cuando me dice que no me preocupe por pintar el salón porque ninguno de nosotros ya ve como para detectar esos detalles, o cuando me llama desde la peluquería para hablar sobre lo trabajoso que resulta el simple mantenimiento físico del ser humano.

 

Fue en el lateral de La Castellana, en una obra que había ocupado la acera y me hacia caminar por la carretera, pegadita a las vallas amarillas para evitar que un coche me arrollase de mala manera. El caso es que la bota se me enganchó con una de ellas, y la galleta debió ser soberana porque, por extraño que parezca, nadie se rió. Por el contrario, todos los obreros asomaron la cabeza para mirar con caras de asombro, y expresión entre aterrorizada, compasiva y una pizca de “no me gustaría estar en su lugar”…, y puede, o al menos me pareció, a la espera de tener que llamar a una ambulancia.

 

Pero ellos no me conocen, resurgí entre los metales y los hierros amarillos, y me levanté hecha una fiera, con mi pantalón de cuero, roto por la rodilla, y comencé a espetar una serie de improperios contra la obra, el permiso de obras, la seguridad vial, la irresponsabilidad de la cuadrilla, el precio de mi pantalón, la amenaza de un futura denuncia y todo tipo de incongruencias inconexas, que me venían a la cabeza sin duda por el efecto del golpe y por recuperar la dignidad perdida. Un despropósito.

 

Siempre me ha gustado recurrir verbalmente a la demanda en momentos de ofensa y ofuscación grave promovida por terceros. Aún a sabiendas de que es la advertencia menos efectiva de cuantas existen, una coletilla ridícula, dado el lío que supone interponerla…, no estamos como para eso.

 

Los operarios me observaban compungidos, atemorizados, algo encogidos. Todo, menos aquella alegría, aquel alborozo que se producía cuando hace años pasaba por una obra. Ellos también eran de mediana edad, todos hemos madurado, los obreros y yo.

 

Lo cierto es que en lugar de piropear, sus caras reflejaban verdadera preocupación. Ya se sabe las consecuencias que una caída de este calibre puede acarrear a partir de una edad: cadera rota, fractura de tibia… Uno de ellos, con la voz entrecortada, apenas un hilo, se interpuso entre mis gritos para decirme con mucho tacto y algo de prevención que debería haber ido por el otro lado de la calle.

 

Algo mareada, quizá por la sorpresa que me había deparado el día, retomé mi paseo por la Castellana, sacando en cada paso la rodilla sangrante por la abertura del pantalón. Los que me veían de frente lo acusaban, deduzco por su esquiva mirada, como un gesto de modernidad por mi parte. Esa modernidad exacerbada e irritante de las “juveniles” que no queremos darnos por vencidas.

 

Hoy mi amiga María me ha dicho que está preocupada porque esta mañana al agacharse se ha dado con la mesilla en la ceja,  y mi amiga Sara me ha llamado porque se ha desmayado cuando iba a hacer la compra con su primo. Ahora, no sé en que punto nos hallamos, ¿o será el tiempo? Está muy cambiante.

 

Os dejo con una canción que me chifla, Carreteras Infinitas, de Sidonie, que descubrí muchos, muchos meses antes de arrasar, y os recuerdo que en su día ya no aposté por otro de mis pantalones de cuero.

 

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3 Comments
  • Ainhoa Elorriaga
    noviembre 23, 2016

    Que razon tienes amiga!
    Beso

  • Francisco Javier
    noviembre 23, 2016

    Espero que no haya sido nada. Y que “solo” sea una anécdota para el blog. Ve con un poquito más de cuidado, que dos veces en un mes “suena” a mucho….¿? Bs

  • Isabel
    noviembre 25, 2016

    Pero bueno!! Vaya batacazo! Espero que no te haya martirizado más, aunque es verdad que esos golpes en la rodilla son muy molestos. Yo también soy de las que me pego unas piñas bárbaras y encima T se parte jejejeje. Beso guapa y cuídate! Con todo el post es biendivertido en tu línea siempre tan personal!

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