Octubre y el comienzo del curso

Este fin de semana he estado calibrando lo que hacer durante los próximos meses, buscando actividades extraescolares con las que completar mi formación y entretenimiento. A pesar de tener a punto mi preinscripción, he descartado volver a mis habituales talleres literarios, y cambiar tanta letra por una actividad que entrañe algo más de riesgo, algo completamente diferente hasta lo experimentado hasta ahora.

 

El problema es que soy hipocondriaca y temerosa. Así que después de estudiar las posibilidades, he llegado a la conclusión de que en mi caso, lo más cercano a la aventura, sería acudir a unas clases de baile hip hop o jazz, pero creo que es la salida más habitual entre las mujeres de mi edad, por lo que descarto encontrar algo parecido a una experiencia única.

 

Tras darle vueltas, estoy todavía sopesando qué  hacer. ¿Coger un tren con destino imprevisto de vez en cuando, o decir sí hasta lo que ahora instintivamente digo no? Porque, aunque sería lo suyo, el puenting o vuelo sin motor me queda grande.

 

Mientras busco una solución he resuelto marchar a una discoteca una noche de estas, y bailar durante unas horas. Me va a venir bien para perder los kg ganados, y me apetece un montón. Pero tengo que buscar una, alejada de mi entorno y contexto, para poder desembarcar sin ataduras, y que albergue público de mi edad para no parecer la abuela del lugar. Total que veo que todo se complica. ¿Sola? Por supuesto sería lo ideal, pero recurriré a mi amiga S por aquello de que la unión hace la fuerza, y porque además sé que esta terapia le va a venir de miedo.

 

Os preguntaréis dónde está mi amado Bruno últimamente. Pues unos salen a por tabaco y Bruno se dio de alta en Instagram. Desde entonces, allá por mayo, lo perdí, y ahora está solo presente como un ente inerte que vaga por la casa, mirando su pantalla, y riendo solo. Después de infatigables esfuerzos por recobrar el diálogo entre nosotros, hallé la manera, colgando en sus fotos comentarios, tipo : “La cena esta servida”, “¿Dónde dejaste las llaves?” o “¿Has visto mis gafas?”.  Si en algún momento recobro alguna vivencia con él no tendré inconveniente en relatarla.

 

Os dejo con Downtown, de Macklemore & Ryan Lewis, lo más parecido a lo que voy a ser este invierno. Ahora voy a bailar su estribillo, que me inspira, definitivamente, todo. Muy alto, pantalla completa, unos pasitos, para ensayar mi paso por la discoteca.

 

 

 

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