Otoño marciano

Gran parte de la valía de una mujer se demuestra en septiembre. Durante este mes nuestra entereza, equilibrio psicológico y arrojo es fundamental para que la buena marcha de la familia continúe o, por el contrario, salte por los aires. Es ahora cuando tras el batacazo contra la realidad nos damos cuenta de que durante las vacaciones todo ha estado simplemente adormecido, esperando con saña nuestra ingenua y esperanzada vuelta.

 

Nunca me ha gustado el otoño, y sin embargo nunca he dejado de tener esperanza y empuje para intentar que, algún año, todo mejore. No desfallezco. Siempre pongo buena y confiada voluntad. Esta vuelta esta a la cabeza de las peores, si la memoria o me falla. No me sirve de consuelo que todos los que me rodean estén horrorizados con su propia experiencia.

 

Nada ha escapado a la rutina otoñal, el correspondiente susto de hacienda, cuestiones de intendencia, revisiones médicas, abandono repentino de la empleada de hogar, disgustos familiares, aumento de las horas de trabajo con dudoso aumento de sueldo, falta de tiempo, gastos irrefrenables, gastos imprevistos, gastos inconvenientes, y planeo intermitente sobre mi cabeza de la sombra amenazante de lo que se viene encima: días más cortos, cambio de horario y frío. Mi vuelta ha sido mala.

 

Frente a todo, me consuelo con la premisa que abandera mi vida: “Para ganar hay que perder”… pero, ¿hasta cuando hay que perder? Porque la premisa de mi consuelo empieza a desvirtuase en medida proporcional a mi vejez.

 

El hecho cierto es que a la vuelta de verano tendrían que brillar con destello sin igual los efectos físicos, la alegría y el gesto relajado de un reposo trabajado durante tantas horas bajo el sol ; por el contrario, todos los años reina el desconcierto. El bajón es tal, que me sale chepa, me quedo sin fuerzas, lívida, (se me que quita el bronceado en cuanto bajo el pie del AVE), me aflora una conjuntivitis nerviosa, se me seca la piel y mi manera de vestir es un continuo desatino. Pierdo el estilo.

 

Este año, además, tengo un problema añadido. Comencé a usar la plancha para el pelo hace unos meses y me he dejado llevar por un resultado que siempre fue mi anhelo. Ahora me noto el cabello como churruscado, pero el efecto plancha me proporciona una satisfacción inmediata tan difícil de encontrar en estos tiempos, que dentro de nada estoy como Calimero

 

Pese a tanto atropello, esta mañana he comenzado con mi rutina y mientras caminaba, al alba, me he sorprendido a mi misma con una irreflexiva conclusión: ¡No es tan malo pasear por El Retiro temprano! Por lo que deduzco que ya estoy aquí, que ya lo he asumido.

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4 Comments
  • todas almas
    septiembre 17, 2013

    Mi querida amiga, si que a veces hay que perder para luego ganar. Lo decia mi madre y es una frase que últimamente resuena mucho en mi cabeza. Muchas veces pensamos en lo que nos deparará el futuro y hacemos planes y luego pasa el tiempo y te das cuenta de la perdida de energia imaginando un futuro en el que te pierdes y no disfrutas de tu presente. Un presente que quizás llegues a añorar si no eres capaz de disfrutarlo , sea verano, otoño ó primavera. Si tienes la posibilidad de salir de algo que te incomoda , házlo, sin miedo aunque para ello tengas que perder algo en el camino. Creo que luego te darás cuenta que la libertad que experimentas al no perder tu tiempo intentando defenderte de monstruos indestructibles no tiene precio. No tengas miedo al otoño y demuestra lo bien que te ha sentado tu verano e intenta alargarlo lo máximo que puedas y para cuando te des cuenta ya será primavera.

  • Anónimo
    septiembre 17, 2013

    No puedo estar más de acuerdo contigo. Y no se puede describir mejor el amargo despertar del sueño (porque ha sido un sueño) veraniego. Eso sí, con gran sentido del humor hasta el final….Enhorabuena por el post!

  • Anónimo
    septiembre 19, 2013

    Sólo decir que me has sacado más de una sonrisa, y en la situación en la que me encuentro, no es fácil. Gracias. Divertidisimo.

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