Tarde de invierno

Ayer, después de un duro día de compras frustradas decidí tomar algo. En la cafetería, al llegar mi turno, tras una corta reflexión sobre su conveniencia, pedí un batido de chocolate caliente. Me preguntaron si lo quería grande. Acepté. Me ofrecieron la posibilidad de “aligerarlo” con nata. Dudé. Acepté. La posibilidad de caramelo. ¿Por qué no? Acepté.  “¿Más chocolate espolvoreado por encima?”. “Pues ya puestos”, acepté.

Entonces reparé en la preparación de una taza alta de cristal, que por su tamaño resultaba insultante. Sospeché que era la mía y sentí que era un recipiente capaz de avergonzar a cualquiera.

Una extranjera preguntó al camarero por el baño. Él contestó: “arriba”. Ella repitió: “ upstairs?”  Yo intervine: “upstairs”. Me sentí inmensa, mujer de mundo, cosmopolita.

Seguía observando de reojo la preparación; la nata rebosaba la taza y caía en cascada hacia el plato. Cuando la acercaron, estuve a punto de decir que no era para , que se trataba de una equivocación, porque todos los clientes esperaban con avidez la identidad del destinatario; como en un clamor silencioso; pero me la entregaron sin preguntar. Avancé azarosa hasta llegar a una barra que daba al ventanal, me senté en una  banqueta de terciopelo rojo y ahí, dando la espalda a toda la cafetería, frente a la calle y los transeúntes, mientras anochecía, me entregué al chocolate. o me importaba estar fea, gorda, dominada por la gula, vestir un vaquero viejo, mostrar mi peor perfil o tener alergia en los ojos. Es lo bueno de los años. Aunque fue difícil manejar la caída incontrolada de la nata. Nunca había visto nata tan furiosa. Parece que estos días, ¡hasta la nata tiene mal rollo!

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Para emergencias: en estos días de sol y alegría, previos a la navidad y amenizados por el cambio horario, dos canciones: una, con la que salgo de casa, Shine de Take That, si no me levanta, pruebo con Candy, de Robbie Williams, no sé por qué, esta canción me traslada a mis queridos 80. Para mi es como un barómetro, si no me cambia el estado de ánimo, realmente el asunto es grave. Ahí van las dos…

Imagénes | Chocolates Valor

 

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